La filosofía Montessori atiende las necesidades totales del niño (espirituales, físicas, sociales, estéticas, cognitivas e intelectuales) bajo esta premisa los niños prosperan, aprenden y crean cuando estas necesidades son satisfechas. A los niños se les respeta como personas y por lo tanto los maestros no deben ser nunca condescendientes o impositivos sino a actuar con seguridad y firmeza.

La educación Montessori fomenta el desarrollo de individuos competentes, responsables, adaptables quienes resuelven problemas y gustan del aprendizaje de por vida. El modelo Montessori sirve a las necesidades de los niños a todos los niveles de habilidad física y mental, ya sean genios o niños con capacidades diferentes.

Las escuelas Montessori consistentemente demuestran excelencia académica la cual se considera el resultado natural de la educación en un ambiente tan alentador.

El aprendizaje es multisensorial apropiado a la edad y etapa de desarrollo. Los niños aprenden a través de manipular materiales apropiados y por la interacción en sus compañeros.

El método Montessori es un método “científico”, practico y ha probado hacer emerger lo mejor de los niños. Los principios, métodos y lecciones preescritas son directas y fácilmente aplicables a la vida.

El currículo Montessori tiene además una fuerte dimensión ética. En un salón con multiplicidad de edades, los niños y (maestros) se enseñan a respetar las diferencias individuales y a socializar. Al disminuir el énfasis de la competencia y promover el respeto de la libertad del individuo (niño) se obtienen alumnos que exhiben voluntad a enseñar, ayudar, y cuidar a los demás así como su entorno.

Los niños Montessori exhiben una personalidad balanceada con auto confianza en sus acciones puesto que el currículo alienta la independencia del niño y su habilidad par manejar la vida.